viernes, febrero 24


Habitualmente nosotros mismos fabricamos nuestro infiernos y nuestro paraìsos. Por lo tanto, cualquier sitio puede ser un lugar maravilloso. O terrible. Estuve x muchos años fabricando mi propio infierno , sòlo que no cachaba, no lo percibìa. Lo hice todo escrupulosamente, pero al mismo tiempo fuè inconciente. Quiero decir que durante muchos años actuè como un imbècil. Tenìa una bomba de tiempo en mis manos, y me estallò en la cara en el verano de 1990. Por supuesto me dejò destrozado y sin saber que hacer. Ahora lo escribo a la distancia, sin dolor y sin odio, pero en aquel momento se me puso la carne de gallina, fuè terrible; golpeè y destrozè todo lo que estaba a mi alcance. Quedè completamente aislado y destruido en una puta isla desierta, hecho mierda. La rabieta durò años. Tendrìa que morir como un perro o renacer de las cenizas.
Ahora, solo tengo que sentarme a escribir. Escribir con las tripas y las entrañas. Tirando todo sobre el papel. Manchando el papel de sangre y de saliva y de mierda y orina y mocos y làgrimas. Pero cuando sientes rencor, te despellejas, quedas en carne viva y entonces te lanzas por el despeñadero hasta el fondo del precipicio. Golpeàndote, descueràndote y quebrando tus huesos contra las rocas. Es el ùnico modo. El que no se atreva hacerlo asì, es mejor que deje el papel y los làpices sobre la mesa y se dedique a vender tomates.

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